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sanantoniomc

1er Domingo de Cuaresma (B) (22 febrero 2015)

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tentaciones 

Este miércoles pasado comenzábamos la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza. Una celebración que nos recordaba la frugalidad de esta vida, la necesidad de estar en un permanente estado de conversión y la obligación de estar siempre preparados para entregar cuentas a Dios: “Recuerda que eres polvo y en polvo te has de convertir”

El Evangelio de este domingo anuncia como de pasada las tentaciones que Jesús sufrió en el desierto cuando, llevado por el Espíritu, estuvo durante cuarenta días haciendo ayuno y oración. Cuarenta días de preparación –como nuestra Cuaresma- para su misión pública, pasión y muerte en la cruz.

Y acabado ese corto relato de las tentaciones de Jesús, el evangelio nos recuerda la necesidad que tenemos todos de arrepentirnos, convertirnos y creer en la Buena Nueva. Este mensaje parece que cae en saco roto entre los católicos de hoy día. La mayoría de los católicos están pensando más en los carnavales que en su propia conversión y arrepentimiento. Y es que este mundo en el que vivimos, y que está controlado y dirigido por fuerzas diabólicas, nos ha puesto una venda ante nuestros ojos para que no nos demos cuenta del estado de nuestra alma y nos arrepintamos y sigamos a Cristo.

Si viéramos las estadísticas anuales que suelen publicar los obispados sobre la asistencia a misa dominical y la recepción de los sacramentos quedaríamos totalmente estupefactos. De la totalidad de católicos, menos del 8 % van a misa los domingos. Pero la cosa no acaba aquí, pues del 8% que asisten a misa sólo se confiesan habitualmente entre el 15 y el 20 %. El número de matrimonios eclesiásticos que se celebran cada año se ha reducido en más del 70 %, eso quiere decir que más del 80 % de los católicos entre 25 y 40 años viven “unidos” sin haberse casado por la Iglesia.

Sacando conclusiones, eso quiere decir lo siguiente: de cada 100 católicos que mueren más de 95 están en pecado mortal y como consecuencia van directamente al infierno. ¿Hemos pues recapacitado sobre estas cifras? ¿Somos acaso nosotros aquellos a los que San Pedro no les permitirá entrar en el cielo? Si estás leyendo estas líneas es porque todavía estás vivo. Piensa, recapacita. ¿Crees realmente en Dios? ¿Qué esperas para cambiar? Como el Señor nos dice en el evangelio de este domingo: ¡arrepiéntete y cree en el Evangelio!

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