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sanantoniomc

Domingo IV del T.O. (A) (29 enero 2017)

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bienaventuranzas

Las Bienaventuranzas son el núcleo de las enseñanzas de Cristo. En otro lugar, Jesucristo contraponía sus enseñanzas con lo que se había dicho anteriormente: “Habéis oído que se dijo…, pero yo os digo”; ahora, explicita cómo ha de ser un seguidor de Cristo. Esta doctrina es totalmente nueva y especial. Para muchos hombres puede parecer “irracional” o “exagerada”, pero este fue, junto con “amaos como yo os he amado” el mensaje especial que Cristo nos quiso dejar a sus seguidores.

Las Bienaventuranzas son un a modo de resumen de lo más esencial que ha de vivir el cristiano: ser pobre de espíritu, limpio de corazón, ser manso y humilde…

Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos

El pobre para Jesús, no es aquél que no tiene cosas, sino más bien aquél que no tiene su corazón puesto en las cosas.

Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra

No es fácil entender como Cristo te pide que seas maso, cuando el mundo es violento, cuando para los hombres, el importante es el más fuerte, el más poderoso.

Ser manso significa ser bondadoso, tranquilo, paciente y humilde.

Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados

Hay personas que tienen muchos sufrimientos en esta vida y todos pensamos ¡Pobrecito! En cambio, Cristo dice: Feliz el que sufre, porque ese dolor bien llevado le ayudará a llegar más fácilmente al cielo. Si unes tu sufrimiento al de Cristo, ayudas a tu propia salvación y a la de otros hombres.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados

Dios sabe que desgraciadamente en este mundo, los hombres cometen muchas injusticias con otros hombres: meten preso al inocente, culpan al que no hizo nada, no pagan lo que el otro en justicia merece, roban al otro lo que le pertenece, agreden y hasta matan al inocente. Cristo no dice: busca que se te haga justicia, véngate, desquítate... sino que te dice: ¡alégrate, que ya Dios será justo en premiarte en el cielo por lo que has pasado aquí en la tierra!

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia

Ser misericordioso significa perdonar a los demás, aunque sea mucho lo que te hayan hecho, aunque te haya dolido tanto, aunque tengas ganas de odiarlos.

Jesús te pone una condición muy seria: el que perdone será perdonado, el que no lo haga no será perdonado.

Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.

Tu corazón estará limpio cuando no haya en él ningún pecado. Cuida mucho la limpieza de tu corazón, puede costarte no entrar al cielo.

Ten la costumbre de confesarte con frecuencia y sobretodo cuídate de aquellas cosas que sabes que pueden ensuciar tu corazón.

Bienaventurados los pacíficos porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Pacífico no es aquél que huye de los conflictos y problemas, sino aquél que sabe poner la paz en el corazón de los hombres.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Son aquellos que son perseguidos porque son justos y buenos. Como el Señor nos dijo: “En el mundo tendréis sufrimientos, pero confiad: yo he vencido al mundo”.

Bienaventurados seréis cuando por causa mía, os insulten y digan toda clase de calumnias contra vosotros, alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos

Si alguna vez hablan mal, se burlan de ti, te señalan porque eres bueno, porque respetas los mandamientos de Dios, porque rezas, porque hablas de Jesús, porque defiendes lo que Jesús nos enseñó ... ¡Alégrate, Dios tiene preparado para ti un gran premio en el cielo!

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