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sanantoniomc

XXIII Domingo del T.O. (A) (10 septiembre 2017)

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jesus enseñando

(Mt 18: 15-20)

15«Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.16Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos.17Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano.18«Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.19«Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos.20Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

El Señor aprovechaba todas las oportunidades para ir enseñando y formando a sus discípulos según los criterios propios de la “moral y costumbres cristianas”.

Hoy nos habla de cómo hemos de proceder a la hora de corregir a alguien que ha hecho un mal o cometido un pecado: “Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano”. Todos tenemos propia experiencia de cuánto cuesta aceptar una corrección cuando está hecha sin delicadeza o respecto; y más aún cuando es hecha en público.

Si la persona no acepta la corrección, entonces buscar a uno o dos más, para ver si es capaz de escuchar. En el supuesto de que la persona que ha cometido la ofensa no escuche; entonces ir a los tribunales (civiles o eclesiásticos)… Ellos son los que tienen el “poder de atar y desatar”; es decir de decir la última palabra sobre los hechos, y emitir un juicio de absolución o de condena.

Nos habla también de la importancia y el poder de la oración en común: “Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” El poder de la oración en común procede del hecho de tener a Jesús en medio de los que oran. Es muy importante la oración privada e íntima con el Señor, para contarle al Señor nuestros problemas, hacer peticiones, dar gracias; pero también es muy importante la oración en familia o grupo. El Señor nos dice que es todopoderosa: “… si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos”.

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