templo

Foto 360 grados (click para ver)

sanantoniomc

XXV Domingo del T.O. (A) (24 septiembre 2017)

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado
 

obreros vina

Cuando se lee este pasaje de los obreros enviados a trabajar en la viña del Señor, el primer pensamiento que nos viene, si uno no tiene muchos principios cristianos, es el de concluir que el Señor fue un poco injusto pues le pagó lo mismo a los que apenas habían trabajado; o no les pagó más a los que habían aguantado todo el peso del día y el calor. Es la misma impresión que se tiene cuando una persona que ha vivido una vida disipada y en continuo pecado se convierte antes de morir y se arrepiente sinceramente ante Dios. La Iglesia siempre nos ha dicho que esa persona también va al cielo. En ese momento uno piensa: “¿Y uno que ha vivido toda su vida luchando por evitar el pecado y reprimiéndose para no hacer cosas malas va a recibir el mismo premio que ése que ha sido toda su vida un sinvergüenza?”

Nuestro amor al Señor es a veces tan poco sincero y profundo que pensamos así; y se nos olvida que hemos tenido toda una vida de dicha junto al Señor. Uno que piensa así es porque no conoce realmente lo que es amar a Dios. Que gracias a que hemos intentado estar siempre con Él, trabajando en su viña, hemos sido libres y felices.  

Me viene a la memoria ese chiste que cuentan que dice así más o menos: Estaba San Pedro a las puertas del cielo haciendo preguntas a los que estaban esperando para entrar y les iba diciendo: “Los que no hayan cometido ningún pecado contra el primer mandamiento que den un paso al frente”. Y muchos de los que allí estaban dieron un paso al frente. Y siguió preguntando San Pedro: “A ver, los que no hayan cometido ningún pecado contra el segundo mandamiento que den un paso al frente”. Y muchos dieron ese paso. Y así siguió preguntado San Pedro hasta que llegó al sexto mandamiento: “Los que no hayan cometido nunca un pecado contra el sexto mandamiento que den un paso al frente”. En ese momento se hizo un inmenso silencio y prácticamente nadie dio ese paso. Ante ello, y temiendo San Pedro que nadie entrara al cielo les dijo a los que esperaban para entrar: “Bien, esperad un momento que voy a preguntarle al Señor para ver lo qué se puede hacer”. San Pedro fue al Señor y le contó lo que había sucedido. Entonces el Señor hizo la vista gorda y le dijo: ¡Anda, si se han arrepentido déjalos entrar! En ese momento San Pedro salió a las puertas del cielo y se lo dijo a los que esperaban. Todos se alegraron inmensamente. Bueno no todos, pues una mujer que era bastante “beata” dijo en voz alta: “Pues si yo lo hubiera sabido antes…”

Esa es la forma de pensar de muchos cristianos. A veces pensamos que cumplir los mandamientos es una obligación penosa que coarta nuestra libertad, y en realidad no nos damos cuenta que cuando cumplimos con la voluntad del Señor es cuando somos realmente felices y libres. El demonio nos hace creer que el que es infiel o borracho o drogadicto… es más feliz porque ha dejado “libres” sus pasiones, y no nos damos cuenta que ellos son realmente esclavos de las mismas. En cambio, los que por amor a Dios, intentamos ser fieles, somos los que realmente gozamos de esta vida, y encima luego tendremos el premio eterno.

Imprimir Correo electrónico