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Cuentos con moraleja: "La tumba vacía: una bella historia"

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Don Jaime, un anciano párroco que vivía en un pueblo pequeño de Segovia, estaba un año más preparando a un grupo de niños para hacer la primera Comunión. A él le gustaba estar con los niños y hablarles de Jesús. A pesar de que muchas señoras devotas se habían ofrecido para ayudarle en la catequesis, él insistía en que era una función muy importante del sacerdote a la que no estaba dispuesto a renunciar.

A él le gustaba intercalar el aprendizaje de las oraciones como el Padrenuestro, el Acto de contrición, la Salve…, y las preguntas del catecismo de San Pio V, con bellos y sencillos relatos de la vida de Nuestro Señor Jesucristo.

Pero abandonemos estos prolegómenos para colarnos a escondidas en una de sus catequesis.

                -A ver, ¿quién sabe dónde nació Jesús?

                -En Belén – respondieron los niños a coro.

                -Y ¿dónde murió?

                -En el Calvario – volvieron a responder a una sola voz.

                -Pero lo que no sabéis es dónde está enterrado. Esta pregunta quiero que la penséis bien y la contestéis uno a uno.

Los niños se quedaron dubitativos, pues pensaron que lo que ellos tenían en la mente no sería la respuesta correcta. Así que, haciéndose un poco los listillos, aunque sin mucha convicción fueron respondiendo uno a uno:

                - ¡Yo no lo sé! – otro dijo, ¡en Santiago de Compostela!

Un tercero pensó que Lourdes sería una buena respuesta; a lo que un cuarto corrigió a los demás y respondió que no estaba seguro si estaba en Roma o en Jerusalén.

Viendo el revuelo que se comenzaba a formar, y reconociendo que la catequesis se había alargado demasiado, les conminó a que preguntaran a sus padres y le trajeran la respuesta el próximo día. D. Jaime se levantó, cogió su abrigo e hizo además de irse.

Algunos niños no se quedaron muy conformes, pues querían saber dónde estaba enterrado Jesús, y conocían muy bien que sus padres no sabrían darle la respuesta correcta.

En medio del ruido causado por los niños al levantarse de las sillas, se oyó una delicada voz infantil de niña que dijo:

                -Don Jaime, Jesús no está enterrado en ningún sitio porque resucitó al tercer día.

Con un ¡ssshhh! El sacerdote pidió que se hiciera silencio por un momento, y respondió a la niña diciendo:

                -Así es. La respuesta de María es correcta. Jesús no está enterrado en ningún lugar porque resucitó. Y como resucitó, quiere decir que está vivo. Así que volved la semana próxima para seguid preparándoos para poderle recibir en la Comunión.

Y aprovechando la ocasión, no quiso Don Jaime perder la oportunidad para animar a los niños y despertar en ellos el deseo de recibir a Jesús Sacramentado, por lo que les dijo:

                -Mis pequeños, si Él estuviese en la tumba nada tendría sentido. Lo bueno de las tumbas de los santos y de los héroes es que sus cuerpos están allí; nos confirman su existencia. Lo bueno de la tumba de Jesús es que Él no está allí; nos confirma su Resurrección y con ello, también la nuestra. 

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